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Papa Francisco pide abandonar los sepulcros de la tristeza y el rencor y confiar en Dios

El Papa durante la Misa. Foto: Marco Mancini / ACI Stampa

VATICANO, 02 Abr. 17 / 04:23 am (ACI).- El Papa Francisco comenzó su visita a la ciudad italiana de Carpi con una Misa en la Piazza Martiri, en la que invitó a salir de los sepulcros de la tristeza y la desesperanza para tomar el camino del Señor, que es la resurrección y la vida”.

“Las lecturas de hoy no hablan del Dios de la vida, que vence a la muerte”, comenzó explicando en esta visita a Carpi, golpeada por un fuerte terremoto en 2012.

Francisco comentó el Evangelio del día de la resurrección de su amigo Lázaro. “En medio de la desolación general por la muerte de Lázaro, Jesús no se deja transportar por el desconsuelo”. “Sufriendo Él mismo, pide que se crea firmemente, no se encierra en el llanto, sino que, conmovido, se pone en camino hacia el sepulcro”.

En este sentido, Francisco afirmó que en la vida existen dos vías: “quedarse mirando melancólicamente los sepulcros de ayer y de hoy, o hacer que se acerque Jesús a nuestros sepulcros”.

“Cada uno de nosotros tiene ya un pequeño sepulcro, alguna zona muerta dentro del corazón: una herida, un mal recibido o hecho, un rencor que no da tregua, un remordimiento que regresa, un pecado que no se consigue superar”.

“Es extraño, pero a menudo preferimos estar solos en las grutas oscuras que tenemos dentro antes de invitar en ellas a Jesús. Somos tentados a buscarnos siempre a nosotros mismos, profundizando en la angustia, lamiéndonos las llagas antes que ir a Él”.

El Santo Padre pidió entonces que “no nos dejemos aprisionar por las tentaciones de permanecer solos y desconfiados y llorando por lo que sucede; no cedamos a la lógica inútil e inconcluyente del miedo, al repetir resignado que va todo mal”.

“Ésta es la atmósfera del sepulcro, el Señor desea abrir la vía de la vida, la del encuentro con Él, de la confianza en Él, de la resurrección del corazón”.

“Siempre habrá problemas –continuó–, y cuando no resolvamos uno llegará otro. Podemos encontrar una nueva estabilidad, y esta estabilidad es el propio Jesús, que es la resurrección y la vida. Con él la alegría habita el corazón, la esperanza renace, el dolor se transforma en paz, el temor en confianza, la prueba en ofrenda de amor”.

Al comentar el pasaje del Evangelio, afirmó que Jesús “no se hace capturar del ambiente emotivo que lo rodea, sino que ora con confianza y dice: ‘Padre, te doy gracias’”.

El Papa afirmó que “Jesús nos ofrece el ejemplo de cómo comportarnos”: “no huye el sufrimiento, que pertenece a esta vida, pero no se deja encerrar en el pesimismo”.

“Por un lado hay una gran desilusión, la precariedad de nuestra vida mortal que, a través de la angustia por la muerte, experimenta a menudo la derrota, una oscuridad interior que parece insoportable”, dijo.

“Nuestra alma, creada para la vida, sufre sintiendo que su sed de eterno bien es oprimida por un mal antiguo y oscuro”.

Pero “por otro lado hay esta esperanza que vence la muerte y el mal y que tiene un nombre: Jesús. Él no lleva un poco de bienestar o de cualquier remedio para alargar la vida, sino que proclama: ‘yo soy la resurrección y la vida; quien cree en mi, también aunque muera, vivirá’”.

“También nosotros somos invitados a decidir de qué parte estar. Se puede estar de la parte del sepulcro o de la parte de Jesús. Hay quien se deja encerrar en la tristeza y quien se abre a la esperanza. Hay quien se queda atrapado entre los problemas de la vida y quien, como vosotros, con la ayuda de Dios levanta los problemas y reconstruye con paciente esperanza”.

El Papa Francisco exhorto en Milán

El Papa Francisco en su llegada al estadio San Siro en Milán. Captura Youtube CTV

MILÁN, 25 Mar. 17 / 01:09 pm (ACI).- En un encuentro este sábado 25 de marzo con unos 45 mil confirmandos en Milán, el Papa Francisco expresó su honda preocupación por el bullying y exhortó a todos los jóvenes a no hacerlo nunca.

Respondiendo a una pregunta hecha por una madre y catequista de nombre Valeria, sobre el consejo que puede dar a los educadores, el Santo Padre dijo: “Hay un fenómeno feo que me preocupa mucho en la educación: el bullying”.

Francisco cuestionó a todos los presentes en el estadio San Siro: “En vuestra escuela, en vuestro barrio ¿hay alguno o alguna a quien ustedes molestan, fastidian porque tiene algún defecto, porque es gordo o flaco, por esto o lo otro? ¿A ustedes les gusta hacer pasar vergüenza y picarlo por esto? Piensen. Esto se llama bullying”.

El Pontífice alentó también a los muchachos presentes a que “para el sacramento de la Santa Confirmación hagan la promesa al Señor y nunca hagan (bullying) y nunca permitan que se haga en su colegio, en su escuela, en su barrio”.

“¡Nunca se burlen, nunca fastidien a un compañero, del colegio, del barrio! ¿Prometen esto?”. Un sonoro “¡Sí!” fue la respuesta de todos los jóvenes en el estadio.

“Este ‘sí’ se lo han dicho al Papa. Ahora piensen en lo malo que es esto y piensen si son capaces de prometérselo a Jesús. ¿Se lo prometen a Jesús?” Nuevamente todos los presentes respondieron afirmativamente.

“Gracias y que el Señor los bendiga”, concluyó Francisco.

MILÁN, 25 Mar. 17 / 01:30 pm (ACI).- En medio de un gran ambiente de fiesta en el encuentro que sostuvo con unos 45 mil confirmandos, que estaban acompañados por sus padres, padrinos y catequistas, el Papa Francisco propuso este sábado en Milán tres claves para crecer en la amistad con Jesús, que están unidas por un hilo conductor que es la oración.

Las claves que propuso el Papa son las siguientes:

1.- Los abuelos

El Papa insistió una vez más en la necesidad de contar en la vida cotidiana con los abuelos, pues a pesar de que “son viejos” o “no saben usar la computadora ni el celular”, sí pueden ayudar a crecer en la amistad con Jesús.

“Los abuelos me han hablado normalmente de las cosas de la vida. Un abuelo me ha enseñado como con trabajo Jesús aprendió un oficio. Cuando yo veía a un abuelo, pensaba en Jesús. El otro abuelo me decía que nunca fuera a dormir sin decir una palabra a Jesús”.

“La abuela me enseñó a rezar, también mamá, también la otra abuela”, continuó el Santo Padre. “Los abuelos tienen la sabiduría de la vida. Con esa sabiduría nos enseñan a ir más cerca de Jesús. Un consejo, hablen con los abuelos, háganles todas las preguntas que quieren. Escúchenlos, hablen con ellos. Es importante en este tiempo hacerlo, ¿han entendido?

2.- Jugar con los amigos

“Me ayudó mucho jugar con los amigos porque jugar es bueno, jugar es sentir la alegría del juego con los amigos, sin insultarnos. Pensar que así jugaba Jesús. Les pregunto, ¿Jesús jugaba o no? Pero era Dios, ¿Dios podía jugar? Sí, Jesús jugaba”.

Francisco resaltó que “a nosotros nos hace bien jugar con los amigos porque cuando el juego es limpio se aprende a respetar a los otros, se aprende a hacer el equipo, a trabajar todos juntos y esto nos une a Jesús”.

3.- La parroquia

“Una tercera cosa que me ayudó fue la parroquia, ir al oratorio. Esto es importante. ¿A ustedes les gusta ir a la parroquia? ¿Les gustar ir a misa?”, cuestionó el Papa, a lo que los muchachos respondieron algunos “sí” y otros “no”.

“Estas tres cosas les harán crecer en la amistad con Jesús: hablar con los abuelos, jugar con los amigos e ir a la parroquia, porque con estas tres cosas tú rezarás más”.

Y la oración, concluyó el Santo Padre, “es el hilo que une las tres cosas”.

MILÁN, 25 Mar. 17 / 01:59 pm (ACI).- El Papa Francisco alentó a los padres de familia a recuperar el hábito de jugar con sus hijos, de “perder” el tiempo con ellos e hizo una exhortación a no pelear frente a ellos porque eso les produce una serie de consecuencias muy negativas.

Así lo indicó el Santo Padre en el encuentro que sostuvo esta tarde en Milán, ante unos 45 mil confirmandos, acompañados de sus padres, padrinos y catequistas, que llenaron el estadio de San Siro.

El Santo Padre dijo luego, que “los niños nos ven y no se imaginan la angustia del niño cuando los padres se pelean, ellos sufren. Y cuando los padres se separan, la cuenta la pagan ellos”.

“Cuando se trae un hijo al mundo, deben tener consciencia de esto. Nosotros, tomamos la responsabilidad de hacer crecer en la fe a este niño”, agregó.

“Los ayudará mucho leer la exhortación Amoris Laetitia, sobre todo los primeros capítulos, el cuarto capítulo que es clave. No se olviden, cuando ustedes pelean, los niños sufren y no crecen en la fe”.

Los niños, continuó el Papa, “conocen nuestras alegrías, nuestras tristezas y preocupaciones. Logran captar todo y, dado que son muy intuitivos, sacan sus conclusiones y sus enseñanzas”.

“Saben cuándo hacemos trampa y cuándo no. Lo saben. Por ello, una de las primeras cosas que les diré es: cuídenlos, cuiden sus corazones, su alegría y su esperanza. Los ‘ojitos’ de vuestros hijos memorizan y leen con el corazón”.

El Pontífice exhortó también a mostrar a los niños que “la fe nos ayuda a seguir adelante, a afrontar tantos dramas que tenemos, no con una actitud pesimista sino confiada. Este es el mejor testimonio que podemos darles. Es un modo de decir ‘las palabras se las lleva el viento’, pero lo que se siembra en la memoria, en el corazón, permanece para siempre”.

El Papa también exhortó a las familias a ir juntos a Misa y luego a una plaza o un parque a jugar juntos, acompañados de otras familias. “Esto es bello y ayuda a vivir el mandamiento de santificar las fiestas. Vayan a la iglesia a rezar y no a dormir en la homilía”, pidió Francisco.

En la actualidad, lamentó el Pontífice, “muchos padres deben trabajar en días festivos para darles de comer a sus familias” y “siempre pregunto a los padres, cuando me dicen que pierden la paciencia con los hijos, pregunto ‘¿cuántos son, tres o cuatro?’ Y hago una segunda pregunta. ‘¿Tú juegas con tus hijos?’ Y no saben qué cosa responder. Los padres de este tiempo no pueden jugar o han perdido el hábito de jugar con los hijos, de perder el tiempo con los hijos”.

El Papa exhortó luego a educar en la solidaridad, “con las obras de misericordia”.

“Estas obras hacen crecer en la fe. Esto es muy importante. Me gusta poner el acento en la fiesta, en la gratuidad, en buscar a otras familias que viven la fe como un espacio de disfrute familiar, creo que es necesario también agregar otro elemento. No hay fiesta sin solidaridad, así como no hay solidaridad sin fiesta. Porque cuando uno es solidario, es alegre y transmite esa alegría”.

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