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Catequesis del Papa Francisco sobre cómo vivieron los apóstoles Pentecostés


En la Audiencia General de este 19 de junio en la Plaza de San Pedro, el Papa Francisco explicó cómo fue el evento de Pentecostés.
En su catequesis, el Santo Padre reflexionó sobre el pasaje bíblico de los Hechos de los Apóstoles en que se narra el episodio de Pentecostés cuando se describen las “lenguas como de fuego” representando al Espíritu Santo.

TEXTO: Mensaje del Papa Francisco por la Jornada Mundial de las Misiones 2017

El Papa Francisco bendice a una peregrina. Foto: Daniel Ibáñez / ACI Prensa

VATICANO, 04 Jun. 17 / 06:02 am (ACI).- En la Solemnidad de Pentecostés, el Vaticano hizo público el Mensaje del Papa Francisco por la Jornada Mundial de las Misiones de 2017.

En el texto, el Santo Padre invita a “reflexionar de nuevo sobre la misión en el corazón de la fe cristiana”. “La Iglesia es misionera por naturaleza; si no lo fuera, no sería la Iglesia de Cristo, sino que sería sólo una asociación entre muchas otras, que terminaría rápidamente agotando su propósito y desapareciendo”.

Por ello intenta responder a tres preguntas: “¿Cuál es el fundamento de la misión? ¿Cuál es el corazón de la misión? ¿Cuáles son las actitudes vitales de la misión?”.

A continuación, el texto completo del Mensaje del Papa Francisco:

La misión en el corazón de la fe cristiana

Queridos hermanos y hermanas:

Este año la Jornada Mundial de las Misiones nos vuelve a convocar entorno a la persona de Jesús, «el primero y el más grande evangelizador» (Pablo VI, Exhort. ap. Evangelii nuntiandi, 7), que nos llama continuamente a anunciar el Evangelio del amor de Dios Padre con la fuerza del Espíritu Santo. Esta Jornada nos invita a reflexionar de nuevo sobre la misión en el corazón de la fe cristiana. De hecho, la Iglesia es misionera por naturaleza; si no lo fuera, no sería la Iglesia de Cristo, sino que sería sólo una asociación entre muchas otras, que terminaría rápidamente agotando su propósito y desapareciendo. Por ello, se nos invita a hacernos algunas preguntas que tocan nuestra identidad cristiana y nuestras responsabilidades como creyentes, en un mundo confundido por tantas ilusiones, herido por grandes frustraciones y desgarrado por numerosas guerras fratricidas, que afectan de forma injusta sobre todo a los inocentes. ¿Cuál es el fundamento de la misión? ¿Cuál es el corazón de la misión? ¿Cuáles son las actitudes vitales de la misión?

La misión y el poder transformador del Evangelio de Cristo, Camino, Verdad y Vida

1. La misión de la Iglesia, destinada a todas las personas de buena voluntad, está fundada sobre la fuerza transformadora del Evangelio. El Evangelio es la Buena Nueva que trae consigo una alegría contagiosa, porque contiene y ofrece una vida nueva: la de Cristo resucitado, el cual, comunicando su Espíritu dador de vida, se convierte en Camino, Verdad y Vida por nosotros (cf. Jn 14,6). Es Camino que nos invita a seguirlo con confianza y valor. Al seguir a Jesús como nuestro Camino, experimentamos la Verdad y recibimos su Vida, que es la plena comunión con Dios Padre en la fuerza del Espíritu Santo, que nos libera de toda forma de egoísmo y es fuente de creatividad en el amor.

2. Dios Padre desea esta transformación existencial de sus hijos e hijas; transformación que se expresa como culto en espíritu y en verdad (cf. Jn 4,23-24), en una vida animada por el Espíritu Santo en la imitación del Hijo Jesús, para gloria de Dios Padre. «La gloria de Dios es el hombre viviente» (Ireneo, Adversus haereses IV, 20,7). De este modo, el anuncio del Evangelio se convierte en palabra viva y eficaz que realiza lo que proclama (cf. Is 55,10-11), es decir Jesucristo, el cual continuamente se hace carne en cada situación humana (cf. Jn 1,14).

La misión y el kairos de Cristo

3. La misión de la Iglesia no es la propagación de una ideología religiosa, ni tampoco la propuesta de una ética sublime. Muchos movimientos del mundo saben proponer grandes ideales o expresiones éticas sublimes. A través de la misión de la Iglesia, Jesucristo sigue evangelizando y actuando; por eso, ella representa el kairos, el tiempo propicio de la salvación en la historia. A través del anuncio del Evangelio, Jesús se convierte de nuevo en contemporáneo nuestro, de modo que quienes lo acogen con fe y amor experimentan la fuerza transformadora de su Espíritu de Resucitado que fecunda lo humano y la creación, como la lluvia lo hace con la tierra. «Su resurrección no es algo del pasado; entraña una fuerza de vida que ha penetrado el mundo. Donde parece que todo ha muerto, por todas partes vuelven a aparecer los brotes de la resurrección. Es una fuerza imparable» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 276).

4. Recordemos siempre que «no se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva» (Benedicto XVI, Carta enc. Deus caritas est, 1). El Evangelio es una persona, que continuamente se ofrece y continuamente invita a los que la reciben con fe humilde y laboriosa a compartir su vida mediante la participación efectiva en su misterio pascual de muerte y resurrección. El Evangelio se convierte así, por medio del Bautismo, en fuente de vida nueva, libre del dominio del pecado, iluminada y transformada por el Espíritu Santo; por medio de la Confirmación, se hace unción fortalecedora que, gracias al mismo Espíritu, indica caminos y estrategias nuevas de testimonio y de proximidad; y por medio de la Eucaristía se convierte en el alimento del hombre nuevo, «medicina de inmortalidad» (Ignacio de Antioquía, Epístola ad Ephesios, 20,2).

5. El mundo necesita el Evangelio de Jesucristo como algo esencial. Él, a través de la Iglesia, continúa su misión de Buen Samaritano, curando las heridas sangrantes de la humanidad, y de Buen Pastor, buscando sin descanso a quienes se han perdido por caminos tortuosos y sin una meta. Gracias a Dios no faltan experiencias significativas que dan testimonio de la fuerza transformadora del Evangelio. Pienso en el gesto de aquel estudiante Dinka que, a costa de su propia vida, protegió a un estudiante de la tribu Nuer que iba a ser asesinado. Pienso en aquella celebración eucarística en Kitgum, en el norte de Uganda, por aquel entonces, ensangrentada por la ferocidad de un grupo de rebeldes, cuando un misionero hizo repetir al pueblo las palabras de Jesús en la cruz: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?», como expresión del grito desesperado de los hermanos y hermanas del Señor crucificado. Esa celebración fue para la gente una fuente de gran consuelo y valor. Y podemos pensar en muchos, numerosísimos testimonios de cómo el Evangelio ayuda a superar la cerrazón, los conflictos, el racismo, el tribalismo, promoviendo en todas partes y entre todos la reconciliación, la fraternidad y el saber compartir.

La misión inspira una espiritualidad de éxodo continuo, peregrinación y exilio

6. La misión de la Iglesia está animada por una espiritualidad de éxodo continuo. Se trata de «salir de la propia comodidad y atreverse a llegar a todas las periferias que necesitan la luz del Evangelio» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 20). La misión de la Iglesia estimula una actitud de continua peregrinación a través de los diversos desiertos de la vida, a través de las diferentes experiencias de hambre y sed, de verdad y de justicia. La misión de la Iglesia propone una experiencia de continuo exilio, para hacer sentir al hombre, sediento de infinito, su condición de exiliado en camino hacia la patria final, entre el «ya» y el «todavía no» del Reino de los Cielos.

7. La misión dice a la Iglesia que ella no es un fin en sí misma, sino que es un humilde instrumento y mediación del Reino. Una Iglesia autorreferencial, que se complace en éxitos terrenos, no es la Iglesia de Cristo, no es su cuerpo crucificado y glorioso. Es por eso que debemos preferir «una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle, antes que una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de aferrarse a las propias seguridades» (ibíd., 49).

Los jóvenes, esperanza de la misión

8. Los jóvenes son la esperanza de la misión. La persona de Jesús y la Buena Nueva proclamada por él siguen fascinando a muchos jóvenes. Ellos buscan caminos en los que poner en práctica el valor y los impulsos del corazón al servicio de la humanidad. «Son muchos los jóvenes que se solidarizan ante los males del mundo y se embarcan en diversas formas de militancia y voluntariado [...]. ¡Qué bueno es que los jóvenes sean “callejeros de la fe”, felices de llevar a Jesucristo a cada esquina, a cada plaza, a cada rincón de la tierra!» (ibíd., 106). La próxima Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, que tendrá lugar en el año 2018 sobre el tema «los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional», se presenta como una oportunidad providencial para involucrar a los jóvenes en la responsabilidad misionera, que necesita de su rica imaginación y creatividad.

El servicio de las Obras Misionales Pontificias

9. Las Obras Misionales Pontificias son un instrumento precioso para suscitar en cada comunidad cristiana el deseo de salir de sus propias fronteras y sus seguridades, y remar mar adentro para anunciar el Evangelio a todos. A través de una profunda espiritualidad misionera, que hay que vivir a diario, de un compromiso constante de formación y animación misionera, muchachos, jóvenes, adultos, familias, sacerdotes, religiosos y obispos se involucran para que crezca en cada uno un corazón misionero. La Jornada Mundial de las Misiones, promovida por la Obra de la Propagación de la Fe, es una ocasión favorable para que el corazón misionero de las comunidades cristianas participe, a través de la oración, del testimonio de vida y de la comunión de bienes, en la respuesta a las graves y vastas necesidades de la evangelización.

Hacer misión con María, Madre de la evangelización

10. Queridos hermanos y hermanas, hagamos misión inspirándonos en María, Madre de la evangelización. Ella, movida por el Espíritu, recibió la Palabra de vida en lo más profundo de su fe humilde. Que la Virgen nos ayude a decir nuestro «sí» en la urgencia de hacer resonar la Buena Nueva de Jesús en nuestro tiempo; que nos obtenga un nuevo celo de resucitados para llevar a todos el Evangelio de la vida que vence a la muerte; que interceda por nosotros para que podamos adquirir la santa audacia de buscar nuevos caminos para que llegue a todos el don de la salvación.

Vaticano, 4 de junio de 2017

Solemnidad de Pentecostés

FRANCISCUS

El Espíritu Santo convierte hombres temerosos en valientes cristianos, asegura el Papa

Papa Francisco durante la Vigilia Ecuménica de Pentecostés / Foto: Captura de pantalla

VATICANO, 03 Jun. 17 / 01:28 pm (ACI).- Durante la Vigilia Ecuménica de Pentecostés, el Papa Francisco aseguró que “la obra del Espíritu Santo transforma hombres cerrados a causa del miedo en valientes testigos de Jesús”, como hizo por ejemplo con el apóstol Pedro, quien había negado tres veces a Cristo.

El Santo Padre presidió la vigilia en el Circo Máximo de Roma y en la que participaron más de 30 mil personas, la gran mayoría miembros de la Renovación Carismática Católica Mundial que este 2017 celebra su 50° aniversario de fundación.

Las celebraciones por el Jubileo de Oro de la Renovación Carismática se iniciaron en la Santa Sede el 31 de mayo con simposios, visitas a los centros de oración, entre otras actividades, y culminarán mañana con la Misa de Pentecostés que presidirá el Pontífice.

Ante los miles de fieles y miembros de otras confesiones cristianas, el Santo Padre recordó el pasaje de los Hechos de los Apóstoles que narra la llegada del Espíritu Santo al cenáculo, donde estaban reunidos los discípulos de Jesús. “Hoy estamos aquí como en un cenáculo pero a cielo abierto porque no tenemos miedo. A cielo abierto, con el corazón abierto a la promesa del Padre. Todos reunidos, todos aquellos que profesamos que Jesús es el Señor”, afirmó.

El Pontífice recordó que la misión de los discípulos de Jesús es anunciar la Buena Nueva del Evangelio a todos los pueblos y que la paz es posible. Esto, afirmó, “es posible si estamos en paz entre nosotros” los cristianos, pero no lo será si “acentuamos las diferencias y estamos en guerra entre nosotros”.

El Papa señaló que “es obvio que tenemos diferencias, pero deseamos ser una diversidad reconciliada”. En ese sentido, recordó que la Renovación Carismática Católica, a la que llamó “una corriente de gracia del Espíritu”, “nació ecuménica porque el Espíritu Santo es el que crea la unidad”.

En ese sentido, el Santo Padre señaló que se escogió el Circo Máximo para celebrar la Vigilia de Pentecostés “porque aquí durante las persecuciones fueron martirizados muchos cristianos, por la diversión de aquellos que estaban mirando”.

“Hoy existen más mártires que ayer. Aquellos que matan a los cristianos, no les preguntan si eres ortodoxo, católico, evangélico, luterano o calvinista. No. ‘Tú eres cristiano’ y enseguida lo degollan. Y esto es el ecumenismo de la sangre”, expresó.

Francisco dijo que “hoy es más urgente que antes la unidad de los cristianos. Unidos pero por obra del Espíritu Santo (…), y juntos tratar de explicar las diferencias, pero en camino” porque el Espíritu necesita el camino.

Jubileo de Oro de la Renovación Carismática

En su meditación, el Papa Francisco también se refirió a los 50 años de la fundación de la Renovación Carismática Católica.

El Pontífice indicó que cuando una persona llega a los 50 años las fuerzas empiezan a decaer. Sin embargo, señaló que también “es un momento de la vida para reflexionar. Es el momento de la reflexión, la mitad de la vida, y yo les diría es el momento para ir adelante con más fuerza (…), agradeciendo por lo recibido y enfrentando lo nuevo con confianza en la acción del Espíritu Santo”.

El Pontífice recordó que la Iglesia nace en Pentecostés. “El Espíritu Santo, la promesa del Padre anunciada por Jesucristo es quien hace la Iglesia, la esposa del Apocalipsis. Una única esposa”, afirmó.

Asimismo, alentó a la Renovación Carismática Católica a ser “un lugar privilegiado para transitar el camino hacia la unidad”. “Esta corriente de gracia es para toda la Iglesia, no solo para algunos, y ninguno de nosotros es el patrón y todos los demás servidores. Todos somos siervos, todos somos servidores de esta corriente de gracia”, señaló.

Francisco también destacó “el poder de la oración de alabanza”. “Puede ser que este modo de orar no le guste a algunos, pero es cierto que se inserta plenamente en la tradición bíblica”, afirmó.

El Papa indicó que el cristiano vive en su corazón el gozo del anuncio de la Buena Nueva, pero advirtió que una alabanza profunda sin servicio a los demás “no basta”.

“Les deseo un momento de reflexión, de memoria de los orígenes, para dejar atrás todas las cosas añadidas por el propio yo y transformarlas en una escucha de la acción del Espíritu Santo que sopla donde quiere y como quiere”, invitó Francisco.

Previo a la vigilia, los miles de peregrinos venidos de 127 países recibieron el saludo de Michelle Moran, presidenta de los Servicios de la Renovación Carismática Católica Internacional (ICCRS por sus siglas en inglés); y de Gilberto Barbosa, presidente de la Fraternidad Católica.

Asimismo, escucharon cuatro testimonios sobre la vocación, la familia, la curación y la evangelización; así como la meditación del P. Raniero Cantalamessa, predicador de la Casa Pontificia.

En la Vigilia de Pentecostés también estuvieron presentes líderes evangélicos qué durante la mañana fueron recibidos en audiencia por el Papa Francisco.

TEXTO: Catequesis del Papa Francisco sobre el Espíritu Santo y la esperanza

El Papa Francisco durante la Audiencia General. Foto: Daniel Ibáñez / ACI Prensa

VATICANO, 31 May. 17 / 04:24 am (ACI).- En una nueva Audiencia General del miércoles en la Plaza de San Pedro, el Papa Francisco dedicó su catequesis al Espíritu Santo y la esperanza, por la proximidad de la celebración de Pentecostés.

El Santo Padre afirmó que “los hombres tienen necesidad de la esperanza para vivir y tienen necesidad del Espíritu Santo para esperar”.

“La esperanza es de verdad como una vela; esa recoge el viento del Espíritu Santo y la transforma en fuerza motriz que empuja la nave, según sea el caso, al mar o a la orilla”, dijo también.

A continuación, el texto completo de la catequesis del Papa:

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Ante la inminencia de la Solemnidad de Pentecostés no podemos no hablar de la relación que existe entre la esperanza cristiana y el Espíritu Santo. El Espíritu es el viento que nos impulsa adelante, que nos mantiene en camino, nos hace sentir peregrinos y forasteros, y no nos permite recostarnos y convertirnos en un pueblo “sedentario”.

La Carta a los Hebreos compara la esperanza con un ancla (Cfr. 6,18-19); y a esta imagen podemos agregar aquella de la vela. Si el ancla es lo que da seguridad a la barca y la tiene “anclada” entre el oleaje del mar, la vela en cambio es la que la hace caminar y avanzar sobre las aguas. La esperanza es de verdad como una vela; esa recoge el viento del Espíritu Santo y la transforma en fuerza motriz que empuja la nave, según sea el caso, al mar o a la orilla.

El Apóstol Pablo concluye su Carta a los Romanos con este deseo, escuchen bien, escuchen bien qué bonito deseo: «Que el Dios de la esperanza los llene de alegría y de paz en la fe, para que la esperanza sobreabunde en ustedes por obra del Espíritu Santo» (15,13). Reflexionemos un poco sobre el contenido de esta bellísima palabra.

La expresión “Dios de la esperanza” no quiere decir solamente que Dios es el objeto de nuestra esperanza, es decir, a Quien esperamos alcanzar un día en la vida eterna; quiere decir también que Dios es Quien ya ahora nos hace esperar, es más, nos hace «alegres en la esperanza» (Rom 12,12): alegres de esperar, y no solo esperar ser felices. Es la alegría de esperar y no esperar de tener la alegría. Hoy. “Mientras haya vida, hay esperanza”, dice un dicho popular; y es verdad también lo contrario: mientras hay esperanza, hay vida. Los hombres tienen necesidad de la esperanza para vivir y tienen necesidad del Espíritu Santo para esperar.

San Pablo – hemos escuchado – atribuye al Espíritu Santo la capacidad de hacernos incluso “sobreabundar en la esperanza”. Abundar en la esperanza significa no desanimarse jamás; significa esperar «contra toda esperanza» (Rom 4,18), es decir, esperar incluso cuando disminuye todo motivo humano para esperar, como fue para Abraham cuando Dios le pidió sacrificar a su único hijo, Isaac, y como fue, aún más, para la Virgen María bajo la cruz de Jesús.

El Espíritu Santo hace posible esta esperanza invencible dándonos el testimonio interior que somos hijos de Dios y sus herederos (Cfr. Rom 8,16). ¿Cómo podría Aquel que nos ha dado a su propio Hijo único no darnos toda cosa con Él? (Cfr. Rom 8,32). «La esperanza – hermanos y hermanas – no defrauda: la esperanza no defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo, que nos ha sido dado» (Rom 5,5). Por esto no defrauda, porque está el Espíritu Santo dentro que nos impulsa a ir adelante, siempre adelante. Y por esto la esperanza no defrauda.

Hay más: el Espíritu Santo no nos hace sólo capaces de esperar, sino también de ser sembradores de esperanza, de ser también nosotros – como Él y gracias a Él – los “paráclitos”, es decir, consoladores y defensores de los hermanos. Sembradores de esperanza. Un cristiano puede sembrar amargura, puede sembrar perplejidad, y esto no es cristiano, y tú, si haces esto, no eres un buen cristiano. Siembra esperanza: siembra el bálsamo de esperanza, siembre el perfume de esperanza y no vinagre de amargura y de des-esperanza.

El Beato Cardenal Newman, en uno de sus discursos, decía a los fieles: «Instruidos por nuestro mismo sufrimiento, por el mismo dolor, es más, por nuestros mismos pecados, tendremos la mente y el corazón ejercitados a toda obra de amor hacia aquellos que tienen necesidad. Seremos, según nuestra capacidad, consoladores a imagen del Paráclito – es decir, del Espíritu Santo – y en todos los sentidos que esta palabra comporta: abogados, asistentes, dispensadores de consolación. Nuestras palabras y nuestros consejos, nuestro modo de actuar, nuestra voz, nuestra mirada, serán gentiles y tranquilizantes» (Parochial and plain Sermons, vol. V, Londra 1870, pp. 300s.). Son sobre todo los pobres, los excluidos, los no amados los que necesitan de alguien que se haga para ellos “paráclito”, es decir, consoladores y defensores, como el Espíritu Santo se hace para cada uno de nosotros, que estamos aquí en la Plaza, consolador y defensor. Nosotros debemos hacer lo mismo por los más necesitados, por los descartados, por aquellos que tienen necesidad, aquellos que sufren más. Defensores y consoladores.

El Espíritu Santo alimenta la esperanza no sólo en el corazón de los hombres, sino también en la entera creación. Dice el Apóstol Pablo – esto parece un poco extraño, pero es verdad. Dice así: que también la creación “está proyectada con ardiente espera” hacia la liberación y “gime y sufre” con dolores de parto (Cfr. Rom 8,20-22). «La energía capaz de mover el mundo no es una fuerza anónima y ciega, sino es la acción del Espíritu de Dios que “aleteaba sobre las aguas” (Gen 1,2) al inicio de la creación» (Benedicto XVI, Homilía, 31 mayo 2009). También esto nos impulsa a respetar la creación: no se puede denigrar un cuadro sin ofender al artista que lo ha creado.

Hermanos y hermanas, la próxima fiesta de Pentecostés – que es el cumpleaños de la Iglesia: Pentecostés – esta próxima fiesta de Pentecostés nos encuentre concordes en la oración, con María, la Madre de Jesús y nuestra. Y el don del espíritu Santo nos haga sobreabundar en la esperanza. Les diré más: nos haga derrochar esperanza con todos aquellos que son los más necesitados, los más descartados y por todos aquellos que tienen necesidad. Gracia.

¡Pentecostés es el cumpleaños de la Iglesia y nos regala la esperanza!, afirma el Papa

El Papa Francisco bendice a un niño durante la Audiencia. Foto: Daniel Ibáñez / ACI Prensa

VATICANO, 31 May. 17 / 03:57 am (ACI).- A pocos días de Pentecostés y en la fiesta litúrgica de la Visitación de la Virgen María, el Papa Francisco dedicó su catequesis en la Audiencia General del miércoles a hablar del Espíritu Santo que “nos hace abundar en la esperanza” y aseguró que Pentecostés "es el cumpleaños de la Iglesia".

“El Espíritu es el viento que nos empuja adelante, que nos mantiene en camino, nos hace sentir peregrinos y forasteros, y no nos permite aburguesarnos y convertirnos en un pueblo ‘sedentario’”, explicó.

El Papa afirmó que “la esperanza es como una vela” que “recoge el viento del Espíritu y los transforma en fuerza motriz que empuja la barca”. “Los hombres tienen necesidad de esperanza para vivir tienen necesidad del Espíritu Santo para esperar”, añadió.

En este sentido, “abundar en la esperanza significa no desanimarse nunca, significa esperar ‘contra toda esperanza’, es decir, esperar también cuando viene de menos cada motivo humano que esperar, como fue para Abraham cuando Dios le pidió sacrificar a su único hijo, Isaac, y como fue, todavía mayor aún, para la Virgen María bajo la cruz de Jesús”.

Francisco subrayó que “el Espíritu Santo hace posible esta esperanza invencible dándonos testimonio interior de que somos hijos de Dios y sus herederos”.

El Papa también explicó que el Espíritu Santo “hace que seamos sembradores de esperanza” y “consoladores y defensores de los hermanos”.

“Son sobre todo los pobres, los excluidos, los no amados, los que necesitan de alguien que se haga para ellos ‘paráclito’, es decir, consolador y defensor”. Y “el Espíritu Santo alimenta la esperanza no solo del corazón de los hombres, sino también de toda la creación”.

El Santo Padre aprovechó para pedir respetar la creación porque “no se puede desfigurar un cuadro sin ofender al artista que lo ha creado”.

“Que la próxima fiesta de Pentecostés –que es el cumpleaños de la Iglesia– nos encuentre en oración, con María, la Madre de Jesús y nuestra. Y el don del Espíritu Santo nos haga abundar en la esperanza”, concluyó el Pontífice.

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